LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA (1895): SÍNTESIS DE LA MISIÓN MORALIZADORA Y EDUCADORA DE SOLEDAD ACOSTA DE SAMPER1

 

 

 

 Mary G. Berg

Women’s Studies Research Center, Brandeis University

 

 

Desde el comienzo de su larga trayectoria como escritora prolífica de ensayos, novelas, cuentos e historias, Soledad Acosta de Samper se interesó en cuestiones de género.  Montserrat Ordóñez, en su análisis minucioso de la trayectoria literaria de Soledad Acosta,  ha observado que desde sus primeras publicaciones en 1859, en sus ensayos, periodismo y ficción, Acosta no sólo "desarrolla estas preocupaciones, que seguramente son muy cercanas a la definición de su propia identidad"2, sino que expresa un fuerte interés en contribuir al mejoramiento de la sociedad por medio de la educación de la mujer.  Más de treinta años después, la colección de ensayos reunidos en La mujer en la sociedad moderna, publicada en París en 1895, ofrece una destilación de lo que Soledad Acosta parece haber escogido como lo más pertinente (y lo más urgente) de sus muchísimos artículos sobre la presencia activa y visible de la mujer en la sociedad occidental.  Como señala Montserrat Ordóñez, este libro es "un homenaje a todas las mujeres, no sólo las escritoras, que pueden ser modelo de realización personal y aporte al desarrollo de la humanidad"3.

 

Historia de la mujer

 

Cuando reunió (y en muchos casos reescribió o reeditó) los textos que aparecerían en La mujer en la sociedad moderna, Soledad Acosta ya había publicado miles de páginas sobre la presencia de la mujer en la historia, en obras como Estudios históricos sobre la mujer en la civilización (1877), Las mujeres de la Gran Colombia en la época de la Independencia, "La mujer española en Santafé de Bogotá" (1890), "Las esposas de los conquistadores", Las santafereñas de la época de la colonia4 y cantidades de artículos periodísticos, algunos de los cuales, los que tenían que ver con mujeres de fines del siglo dieciocho en adelante (límite que ella utiliza para definir época "moderna") reaparecerían en alguna forma en su nueva compilación.  Y más adelante siguió publicando sus listas y compilaciones de los logros históricos de las mujeres en un libro híbrido y fascinante publicado un año después de La mujer en la sociedad moderna, en 1896, Conversaciones y lecturas familiares sobre historia, biografía, crítica, literatura, ciencias y conocimientos útiles, en el cual, por ejemplo, incluyó una larga y detallada discusión panorámica de la presencia de la mujer en Italia. Es en Conversaciones donde Soledad Acosta explica, aun más claramente que en La mujer en la sociedad moderna, por qué le parece tan importante reunir varias discusiones de las aptitudes y los logros de las mujeres en la sociedad. Quizás porque en Conversaciones se dirige más explícitamente a lectoras colombianas (o por lo menos a lectoras que leerán con interés los cuadros de costumbres colombianos y las denuncias de injusticias colombianas), es allí mismo donde Acosta explica (y demuestra) bien claramente sus tres preocupaciones principales: la necesidad urgente de educar bien a toda mujer; la importancia de insistir que toda mujer pueda elegir y seguir una carrera que le provea la posibilidad de autosuficiencia y la capacidad de eligir libremente su propia vida; y lo imprescindible que es para toda mujer tener mujeres modelos, role models, abuelas sabias, que inspiren confianza y actúen como guías morales.

 

Aptitud de la mujer

 

Es a partir de 1870 que Soledad Acosta se dedica más y más seriamente a un escrutinio organizado de las capacidades, aptitudes, limitaciones, y posibilidades sociales de las mujeres, a lo que Mary Louise Pratt denomina "the gender essay" en Hispanoamérica5, el ensayo de género como contrapunto y contra balance del ensayo de identidad criolla, que generalmente expresa una perspectiva masculina.  En esta categoría de "ensayo de género" Pratt incluye una serie de textos de los últimos doscientos años sobre el tema del estatus y la realidad de la mujer en la sociedad moderna [15] y refiere a una larga lista de los más conocidos de estos textos.  Incluye textos a los cuales se refería  Acosta con admiración y discutía con entusiasmo en sus propios ensayos. Señala Pratt que estos textos suelen ser catálogos de hechos, insistencias detalladas e irrefutables de la presencia de las "mujeres ilustres" en todo momento de la historia, cultura, y vida pública de todo país.  Una segunda práctica discursiva de estos ensayos según lo señala Pratt es la del comentario analítico sobre la condición espiritual y social de la mujer, que "propone formas alternativas de intelectualidad que constituyen un reto a la prerrogativa masculina a definir qué constituye pensamiento". [18] El ensayo de Acosta, "Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones", se podría considerar como prototipo de esta definición del ensayo de género, y como forma abreviada y precursora del libro que Acosta publicó unos años después como La mujer en la sociedad moderna.

 

"Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones" fue una memoria presentada en el Congreso Pedagógico Hispano-Lusitano-Americano reunido en Madrid en 1892.  Acosta terminó de redactarla en París en agosto de 1892, y fue publicada el siguiente año en Chartres6, junto con tres otros ensayos largos sobre temas muy variados, todos algo controversiales: el pueblo indígena precolombino en Colombia; la comunidad de hebreos establecida en Antioquia poco después de la conquista; y las responsabilidades morales de la prensa y de los periodistas. Acosta aprovecha la celebración del cuarto centenario de la llegada de Colón a América para insistir en que ya con las luces que se han difundido al fin de este siglo es preciso que la educación que reciba la mujer sea más adecuada a las necesidades de la época, al grado de civilización de que se disfruta y a las obligaciones que nos impone la patria. … Se trata aquí de averiguar si la mujer es capaz de recibir una educación intelectual al igual que el hombre, y si sería conveniente darla suficiente libertad para que pueda (si posee los talentos necesarios) recibir una educación profesional. [“Aptitud”, 73]

 

A pesar de que el ensayo se plantea como una respuesta a la pregunta (¿modestia simulada?) acerca de "si la mujer es capaz", el texto es por un lado una lista sumaria de los logros y la participación de las mujeres en los acontecimientos obviamente importantes, y por otro un grito de indignación ante el hecho de que alguien  pueda haber pensado que las mujeres no merecen educación avanzada y apoyo en su profesionalización.  Empieza el ensayo con dulzura (por lo menos fingida) y disimulo:

 

En mi humilde concepto creo que debería empezarse por probarles que no carecen de inteligencia [las mujeres] y que a todas luces son capaces de comprender lo que se las quiera enseñar con la misma claridad que lo comprenden los varones.  Además se les debería señalar con ejemplos vivos y patentes que, en el presente siglo al menos, muchísimas mujeres han alcanzado honores, y distinguiéndose en todas las profesiones a las cuales se han dedicado con perseverancia y ánimo esforzado. [74]

 

Y ahora empiezan las listas, inocuas al principio: las santas, las monjas, las caritativas, las humildes, las abuelitas, las sirvientas.  Pero después de arrullar con los innegables méritos de las beatas bienhechoras, de pronto insiste Acosta que también "se han visto en el siglo que concluye ya miles que han desempeñado brillantemente todas las profesiones, todas las artes, todos los oficios honorables", [75] asegurando a los oyentes (suponemos que masculinos, aunque a un Congreso Pedagógico es muy posible que hayan podido asistir muchas mujeres maestras también) que a pesar de sus éxitos profesionales estas mujeres no se han convertido en parias de sus sociedades, y no han tenido que renunciar "a la Religión de sus mayores, a las dulces labores de su hogar, al cuidado de sus familias y a la frecuentación de la sociedad." [75]  Es decir, que la mujer lo puede todo, y todo simultáneamente, como la Nueva Mujer del ensueño recurrente del feminismo del siglo veinte.  Pero no, dice Acosta, no se lo van a creer:

 

¡Ah!  Me dirán acaso, todo eso es imaginario y teórico, una cosa es decir que las mujeres se han distinguido en todas las profesiones y que son capaces de elevar su inteligencia hasta las ciencias y las bellas artes, y otra es probarlo con hechos; se ha reconocido ya que ellas carecen de ánimo y valor personal; de perseverancia; de juicio; de seriedad en las ideas; que la imaginación las arrastra siempre; que no saben dominar las situaciones difíciles, sino que al contrario se dejan llevar siempre por las impresiones del momento, y que con el vaivén de sus sentimientos cambian sin cesar, y nunca tienen fijeza sino cuando obedecen a su capricho. [75]

 

Bueno, dice ella, citaré ejemplos.  Lo encuentra muy difícil limitarse a unos cien ejemplos - "necesitaría escribir muchos libros para hablar de una parte de las obras importantes…" [76] - pero siempre manteniendo el mismo tono algo combativo, como quien espera contradicción pero la aniquila antes de que sea articulada, suelta un chorro de nombres de mujeres brillantes y capaces, con admiración especial para Concepción Arenal (se nota que Acosta escribió este discurso para un público español en Madrid).  Cada rato vuelve a insistir (con un dominio extraordinario del ritmo de la retórica oral: casi se puede escuchar) que "lo he repetido hasta la saciedad: las mujeres de la época actual han ejercido todas las profesiones y se las ha visto brillar en todos los puestos que antes eran reservados a los hombres no más". [78]  Siguen largas listas de mujeres científicas, y Acosta advierte: "todas estas damas no son aficionadas no más a estudios serios, sino profesoras cuya opinión es acatada por los sabios" [80], así que los sabios (masculinos) podrán verificar o confirmar lo que las mujeres ya bien saben (o deben saber), que hay que tomar en serio la profesionalización de la mujer.

 

Acosta celebra vivir en "esta época de transición de una faz de la civilización a otra" [80] aunque expresa preocupación profunda por los resultados de los cambios que la rodean.  Se siente acosada por ambivalencias fuertes donde "no es posible preveer si el mundo podrá regenerarse o si se perderá por entero en el caos de ideas que suelen obscurecer hasta los espíritus más claros; en esta sociedad actual tan llena de contradicciones" [80-81].  A veces los cambios le parecen tan rápidos que le abruman (hay que recordar que ya es una mujer que ha vivido casi 60 años, llenos todos de cambios, muchos de ellos abruptos y profundos).  Vuelve a sus listas, que también representan orden, tranquilidad, logros verdaderos - una historia valerosa que ya está protegida, por pertenecer al pasado, de las peripecias y avatares de la inmediatez cambiante.  Menciona a listas de mujeres literatas notables, y reflexiona con cierta tristeza sobre las dificultades de su propia carrera (y la de tantas otras) en los "países europeos y americanos en donde la carrera literaria es honorífica y respetabilísima, pero llena de abrojos y de espinas". [82]

 

Recapitula los temas: la importancia de una educación seria para los dos sexos y un reconocimiento de que:

 

así como no todos los hombres han nacido para las carreras profesionales, literarias y artísticas, no todas las mujeres pueden abrazarlas con buen éxito; pero la educación pone en evidencia las inclinaciones naturales de cada ser humano; ninguno debe carecer de aquello que lo permita cultivar su entendimiento, dejándolo después en libertad para consagrarse a la carrera que más le incline. [83] 

 

Las mujeres tendrán que escoger entre la protección (y secuestro) tradicional y la oportunidad de tener "independencia de acción" [84], pero en ningún momento tendrán que dejar de ser mujeres.  Nunca debe renunciar "a ser mujer por las cualidades de su alma, por la bondad de su corazón". [84]   Todo ser humano, pero parece que sobre todo la mujer, tiene que luchar, hacer un fuerte "esfuerzo para personificar siempre la virtud, la dulzura, la religiosidad, y la parte buena de la vida humana." [84]

 

La mujer en la sociedad moderna

 

La mujer en la sociedad moderna es en parte una expansión (a un texto de 429 páginas densas) de los mensajes telegráficos de "Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones".  Como recoge ensayos (o revisiones de ensayos) escritos durante los veinte años previos, también es una concentrada exposición de temas recurrentes que tienen gran importancia para su autora. Este libro, al igual que el ensayo que lo precede, "Aptitud", expresa una aprensión finisecular (como en su maravilloso "Bogotá en el año 2000: una pesadilla"), una percepción de que el mundo está cambiando muy rápidamente (la sociedad moderna/modernizada/modernizante), que los catálogos de logros pasados constituyen no sólo evidencia sino también seguridad y consuelo (¿quizás por eso vuelve en Conversaciones de 1896 a listas de mujeres notables de la Roma clásica?), pruebas y hechos incontrovertibles que representan cierta permanencia en la vida de esta escritora peregrina, exiliada, viuda, que tanto había luchado para insertar (recuperar) a la mujer en la historia (y en la literatura, si son separables) de Colombia y del mundo.  Además de ser una colección de capítulos sobre más de seiscientas mujeres ilustres, divididas en categorías, también incluye discusiones más amplias de unas quince mujeres que Acosta considera, muy personalmente, como las que más le conmueven y le inspiran.  El libro es una mezcla de enciclopedia didáctica y una fuente de información y documentación sobre la participación activa de la mujer en la sociedad occidental, y los quince ejemplos más extensos, narrados con técnicas de ficción (ocultación, suspenso, desarrollo de personajes, acontecimientos dramáticos, moralejas imprevisibles), se insertan como ampliaciones biográficas que generalmente (como en el caso de Frances Brown, poeta irlandesa) ilustran la vida interior imaginada que acompaña las hazañas exteriormente visibles.

     

Como se ha dicho, La mujer en la sociedad moderna es una compilación de materia nueva y de artículos ya publicados entre los años 1870 y 90 en varias revistas y periódicos, sobre todo en tres revistas editadas por ella, La Mujer (1878-1881), La Familia: Lecturas para el hogar (1884-5), y El Domingo de la Familia Cristiana (1889-90).  Acosta solía reciclar sus artículos, cambiándolos, adaptándolos, poniéndolos al día.  Dice que su propuesta en La mujer en la sociedad moderna es rescatar a las mujeres lectoras de su aislamiento; todas las mujeres tienen el deber de ser "agentes de la revolución moral",  pues han logrado mucho a través de las épocas, y 

 

la mujer moderna ha transitado por todas las veredas de la vida humana; … ha sabido dar ejemplos de virtud, de abnegación, de energía de carácter, de ciencia, de amor al arte, de patriotismo acrisolado, de heroísmo, etc., pero aun le falta mucho para cumplir la misión que la tiene señalada la divina Providencia, y es preciso enseñarla el camino que otras han llevado, para que pueda escoger el que conviene a cada una.  La vida aislada de una mujer virtuosa, sabia, patriota, etc. no basta para que se comprenda lo que se pide a todas - es preciso presentar un conjunto razonado de biografías; de bocetos de mujeres ejemplares para despertar en el espíritu de las jóvenes la emulación y el deseo de imitar alguna o algunas de ellas.  Estos ejemplos buenos no surten el efecto que se desea sino cuando las que lo dan son de nuestro mismo siglo, pues no se pueden imitar a las que vivieron en sociedades enteramente diferentes de las que conocemos actualmente.7 [viii]

     

El libro propone ser una enciclopedia selectiva de los logros de la mujer en el siglo XIX: "En todas las naciones la mujer ha señalado su huella haciendo el bien en todas las carreras, y cada cual puede escoger alguna como ejemplo y norma de su vida futura, según se sienta con más o menos fuerza, con mayor o menor disposición para tal o cual carrera." [viii]

 

Pueden decir los hombres que la educación de la mujer es importante porque ellas serán las madres de sus hijos —Clorinda Matto y otras feministas del cono sur se aprovecharon de este lugar común también, en esta misma época, porque servía para fundar escuelas y atraer fondos sin provocar resistencias machistas— pero la verdad es, dice Soledad Acosta, que hay que profesionalizar a las mujeres.  Toda mujer necesita una carrera, en parte para independizarse, para darle la libertad de no casarse si no quiere, y en parte para aprender a "valerse por sí misma" [x].  Hay insistencia reiterada en una enseñanza práctica que abra la posibilidad de un empleo.  Acosta advierte que "muchas, después de haber estudiado ciencias, tienen que aprender algún oficio manual para ganar honradamente la subsistencia.  Se piensa que con saber cosmografía, historia, astronomía y retórica, la infeliz niña encuentra trabajo remunerativo; y como no las enseñan el arte práctico de la existencia, morirán de hambre". [139-140]  Para ese aprendizaje se requieren modelos, para animar a las tímidas a tener confianza en sus propios esfuerzos.

 

La lectura de las biografías de hombres grandes y virtuosos es excelente, pero ésta nada enseñará a la niña para su propia conducta, y la mejor para la joven de estos países será aquella que le presentará ejemplos de mujeres que han vivido para el trabajo propio, que no han pensado que la única misión de la mujer es la de mujer casada, y han logrado por vías honradas prescindir de la necesidad absoluta del matrimonio, idea errónea y perniciosa que es el fondo de la educación al estilo antiguo. [ix]

 

Lo que sigue es un compendio extraordinario. Ella explica por qué empieza con un análisis extensivo de la Revolución francesa: para ella es el evento más importante del período moderno, un experimento ambicioso pero desastroso, que destruyó la base de la cultura, la moralidad y la estabilidad del mundo occidental.  Cuando escribió esta sección del libro en los años 1870, no se sentía muy distanciada de la revolución y sus repercusiones.  Su padre era amigo de Lafayette y su mujer, y Soledad Acosta escribe con angustia de los esfuerzos de los Lafayette en la independencia de los Estados Unidos de América, y luego su frustración y sufrimiento al volver a Francia como arístocratas y católicos y por eso vistos como enemigos del pueblo.8

 

Acosta se enfoca en cuatro francesas como tipos emblemáticos.  Son modelos de cualidades distintas; la marquesa de Lescure, por ejemplo, presenta en su vida rasgos tan característicos e interesantes, y sus desgracias y amarguras fueron tan grandes, que creo que podrá servir de enseñanza moral y dar un ejemplo saludable para todas las mujeres que se encuentren en circunstancias, si no idénticas, al menos parecidas: lo que no dejará de suceder algunas veces en nuestras Repúblicas, en donde el estado normal es el de la revolución y el excepcional el de paz y concordia. [20]

 

     Después de esta advertencia histórica, titulada "la agonía de la sociedad pasada," la mayor parte del libro se compone de capítulos panorámicos sobre "Bienhechoras de la sociedad", "Mujeres misioneras", "Mujeres moralizadoras" (donde se incluye a escritoras como Harriet Beecher Stowe), y  "Mujeres doctoras, políticas y artistas", con énfasis siempre en las mujeres que se han ganado su subsistencia, que han logrado independizarse y han tenido carreras como médicas, viajeras, políticas, filántropas, pintoras y músicas (Acosta excluye a las actrices por ser moralmente dudosas)9.  La última parte del libro es una enciclopedia, país por país, de "Mujeres literatas", una reedición de "Misión de la escritora en Hispanoamérica," publicado antes en Colombia Ilustrada.  Como documentación de talento y esfuerzo femenino es impresionante, pero al releerlo en el siglo XXI, es también interesante intentar descifrar las evaluaciones, y considerar el canon que Acosta propone.  Ella está muy conciente de su propia ambivalencia frente al canon de su día, y está preocupada por la contradicción (también nuestra) entre la necesidad de preservar un canon clásico que nos aporte una cultura en común, y la necesidad de incluir nuevas voces, incluir a todos y a todas, y registrar los cambios en la cultura y la sociedad, el balance entre lo que Mary Louise Pratt llama "estructuras de valor" y "estructuras de exclusión".  En el caso de las escritoras del siglo XIX, que fueron muy leídas en su momento, podemos documentar la época de su exclusión en las antologías e historias de literatura a principios del siglo XX cuando ya no cabían dentro de los códigos de interpretación y valor necesarios para consolidar la hegemonía masculina.  El panorama literario ofrecido por Soledad Acosta (anterior a la época amarga de exclusiones), en este libro con enfoque en la "sociedad moderna" del siglo XIX, enfatiza que hay diferencias profundas entre los géneros, pero ella nunca sugiere que las escritoras son menos leídas que los escritores, sino quizás en España: con la excepción de algunas eruditas (Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán y otras), España es a su parecer, un país retrasado.  Acosta es esencialista en cuanto a diferenciación entre los géneros: los hombres abarcan ciertos temas y obligaciones, y las mujeres asumen otras responsabilidades.  Según ella, las mujeres tienen una misión moral de mejoramiento del mundo, sea en escritura o en acción política.  Acosta insiste con frecuencia que "la sociedad se ve amenazada con volver a la barbarie, y en manos de la mujer está el impedirlo". [248]  Esta aprensión sirve como una de las bases de su criterio de selección de autoras.

 

Cuando se dirige directamente a sus lectoras, Soledad Acosta dice “señoras”; al hablar de Jeanne Rendu de Francia, pregunta “¿No podríamos; decidme, señoras mías, poner a esta mujer en la categoría de las heroínas, como una Juana de Arco, una Carlota Corday o una Pola Salavarrieta?” [92]  Obviamente está hablando a las mujeres colombianas, quienes sabrían quién es la Pola.  Y no se está dirigiendo a señoritas jovencitas, sino a señoras, mujeres lectoras, mujeres que ejercen cierto poder sobre sus propias vidas.  Las urge a leer ampliamente, a pensar en términos globales, a estudiar las culturas mundiales y entonces usar estos conocimientos para implementar reformas en Colombia.  Reitera su convicción de que las escritoras tienen responsabilidad en la inspiración de acción positiva, y en la articulación de la conciencia social de la nación.

 

En La mujer en la sociedad moderna, Acosta discute la obra de unas cuatrocientas escritoras, muy pocas de ellas bien conocidas hoy, aunque sí se incluyen los nombres de casi todas las autoras del siglo XIX que están todavía de moda hoy. Algunas de las escritoras europeas favoritas de Soledad Acosta son: de España, Concepción Arenal, la Baronesa de Wilson, y Emilia Pardo Bazán.  De Francia, Madame de Stael, Susana Verdier, Louise Révoil Colet, Eugenie de Guerin, y George Sand, pero con muchas reservaciones sobre la vida privada de esta última.  De Inglaterra, le encanta sobre todo Frances Brown, casi desconocida hoy, y muchas otras: Frances Gore, Frances Trollope, Elizabeth Barrett Browning, Amelia Alderson Opie, Ann Grant, las hermanas Bronte —prosa muy débil, le parece— y George Eliot, también con dudas sobre su moralidad privada.  Le parece que es importantísimo leer a las escritoras rusas como Sofia Swetchine y Maria Zebricoff, Krestovsky, y otras, porque las rusas han tenido libertades inusitadas en Europa (derecho de votar, derecho de controlar su propio dinero y decidir la suerte de sus hijos) y han tenido acceso a la educación: "las rusas se han lucido en la carrera de la medicina, y desde que se las permite estudiar ciencias, cerca de mil mujeres estudian anualmente matemáticas, mineralogía, botánica, astronomía, anatomía, y se prepran para seguir la carrera de la agricultura." [335]

 

En Latinoamérica, país por país, aprecia o critica cómo las escritoras han logrado describir las realidades de sus paises, y escribir libros americanos —hay insistencia reiterada en la importancia de crear una literatura americana—, y hasta qué punto las escritoras han logrado sugerir reformas que cambiarán sus países.10  Se da cuenta de que los libros son productos comerciales que tienen que venderse, porque sus autoras necesitan subsistir sin la ayuda de otros, pero lamenta que a veces producen “estudios odiosos de pasiones y crímenes.” [408]  Detesta, por ejemplo, a Mercedes Cabello de Carbonera: sus cuadros, dice, "sólo sirven para propagar el mal", [408]  llenos de intriga sexual y aventuras dudosas.  Insiste Soledad Acosta que "la misión de la mujer hispanoamericana, repetimos, es cristianizar, moralizar y suavizar las costumbres,  la escritora debe morir sobre la brecha si es preciso, más bien que hacer parte del ejército ateo que procura, inspirado por el genio del mal, destruir las sociedades de que ella hace parte". [410]  En la discusión de Soledad Acosta, "ateo" equivale a pesimista, corruptor e inmoral; apasionadamente, ella insiste en la posibilidad del mejoramiento de la sociedad.  Irónicamente, su diatriba contra Mercedes Cabello debe haber provocado un fuerte deseo en sus lectoras de conseguir y leer el estudio "de las costumbres pervertidas, de intrigas" que es la novela Blanca Sol.  Mercedes Cabello de Carbonero, para Soledad Acosta aquí, representa lo opuesto (ejemplificado por los escritos de Lastenia Larriva de Llona, católica, moralista y positivista, "la madre abnegada, la cariñosísima esposa" [406]) de lo que debe ser la literatura americana.  Lo que frustra e indigna más a Acosta es el talento extraordinario de Cabello:

 

posee las más notables aptitudes como escritora, como pensadora, como moralista y por consiguiente nadie mejor que ella podría dar a luz libros hermosísimos, americanos netos [bastardillas de Acosta] y que no fuesen tristes pinturas de las tristísimas pasiones desenfrenadas, espejo de las dañadas costumbres de la alta sociedad limeña, según nos asegura ella misma, aventuras de mujeres apasionadas y culpables, que pecan no por ignorancia sino con el cinismo más increíble, ataviadas de sedas y terciopelos, habitando palacios de mármol y rodeadas de todo el esplendor de una cultura refinada. [405-406]

 

Acosta nos seduce con sus descripciones escandalizadas, aunque lamenta el gusto de los americanos por el naturalismo.  Hay que aceptar que los franceses sean inmorales, pero los americanos deben tener otros criterios para sus países que todavía están en formación.  Se enfurece al discutir "esa risa sarcástica de los lectores americanos que no quieren salirse nunca de la moda parisiense" [406] y los excesos lamentables del decadentismo de los primeros modernistas.  La nueva literatura americana debe privilegiar lo mejor de la América, y proponer "ante todo hacer conocer su país ya en la historia, ya en la naturaleza física, ya en las costumbres originales, tan diversas en las diferentes comarcas". [407]  Pero Acosta no suprime la voz de Cabello - la cita extensamente, para luego contradecirla en voz alta ("¡No, y mil veces no! si el arte ha perdido la fe en Dios, el arte no se ha ennoblecido, se ha degradado…." [409]), y el diálogo es vivo, lleno de tensión, con todo el futuro del pueblo americano en debate.  Si los americanos no escogen bien (es decir, en favor de un catolicismo moralizante) en su literatura y en su política, "volveremos a la barbarie y caerá la civilización que se ha levantado sobre los cimientos del cristianismo" y triunfarán "las pasiones brutales de la parte animal de la humanidad" [410].  Para Acosta, la literatura y la cultura son fundamentales para la construcción de naciones fuertes y sanas, y su convicción sobre el papel importantísimo, esencial, que juegan las mujeres en el escenario nacional se expresa apasionadamente.

 

Soledad Acosta pasó su vida documentando, en millones de palabras, los esfuerzos humanos heroicos para dominar el caos, la violencia, la crueldad, y la pobreza.  Las más de seiscientas mujeres que describe en La mujer en la sociedad moderna, mujeres educadas, enérgicas, llenas de esperanza y deseo de transformar sus vidas y sus sociedades, representan un panorama extraordinario de nuestras bisabuelas del siglo XIX que vale la pena recordar en el siglo XXI: muchas de ellas están pasadas de moda, algunas apenas incluídas en los panoramas culturales de hoy, pero La mujer en la sociedad moderna, como las demás historias enciclopédicas de Soledad Acosta, nos ofrece la oportunidad de repensar los códigos de evaluación del pasado y del presente.

 

Bibliografía

 

ACOSTA DE SAMPER, Soledad. "Bogotá en el año de 2000: una pesadilla", republicado en Revista de Estudios Sociales 5, enero 2000, 117-123.

_______Conversaciones y lecturas familiares sobre historia, biografía, crítica, literatura, ciencias y conocimientos útiles.  Paris: Garnier Hermanos, 1896.

______ Memorias presentadas en congresos internacionales que se reunieron en España durante las fiestas del IV centenario del descubrimiento de América en 1892.  Chartres: Imprenta de Durand, 1893.

_______ La mujer en la sociedad moderna.  Paris: Garnier Hermanos, 1895.

 

BERG, Mary G. “La mujer en la sociedad moderna (1895): apogeo y síntesis de la misión moralizadora y educadora de Soledad Acosta de Samper”. Carolina Alzate y Montserrat Ordoñez, ed., Soledad Acosta de Samper: Escritura, género y nación en el siglo XIX. Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2005, pp. 333-345. 

ORDÓÑEZ, Montserrat. "De Andina a Soledad Acosta de Samper: identidades de una escritora colombiana del siglo XIX" en La situación autorial: Mujeres, sociedad y escritura en los textos autobiográficos femeninos de América Latina editada por Margara Russotto.  Caracas: Univ. Central de Venezuela, 2003, pp. 163- 201.

______"Género, escritura y siglo XIX en Colombia: releyendo a Soledad Acosta de Samper" http://www.javeriana.edu.co/pensar/MO.html

_______"Introducción. Soledad Acosta de Samper: una nueva lectura" en Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura.  Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1988, pp. 11-24.

______"Soledad Acosta de Samper: ¿un intento fallido de literatura nacional?" Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura siglos XVI al XIX, tomo II. Ed.:Luisa Campuzano. La Habana: Casa de las Américas, 1997, 233-242.

 

ENCINALES DE SANJINÉS, Paulina. "La obra de Soledad Acosta de Samper: ¿un proyecto cultural?" Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura siglos XVI al XIX, tomo II. Ed.:Luisa Campuzano. La Habana: Casa de las Américas, 1997, pp. 227-232.

 

LÓPEZ CRUZ, Humberto. "Enmarcando la historia en la obra de Soledad Acosta de Samper". La voz de la mujer en la literatura hispanoamericana fin-de-siglo. Ed. Luis Jiménez. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1999, pp. 79-88.

 

PRATT, Mary Louise. "'Don't Interrupt Me': The Gender Essay as Conversation and Countercannon." Reinterpreting the Spanish American Essay. Women Writers of the 19th and 20th Centuries. Ed. Doris Meyer.  Austin: U of Texas P, 1995, pp. 10-26.

 

RODRÍGUEZ-ARENAS, Flor María. "Soledad Acosta de Samper, pionera de la profesionalización de la escritura femenina colombiana en el siglo XIX: Dolores, Teresa la limeña y El corazón de la mujer (1869)", ¿Y las mujeres? Ensayos sobre literatura colombiana. Ed. María Mercedes Jaramillo, Angela Inés Robledo y Flor María Rodríguez-Arenas.  Medellín: Editorial U de Antioquia, 1991. 133-175; 289-307.

 

SKINNER, Lee. "Gender and History in Nineteenth-Century Latin America: The Didactic Discourses of Soledad Acosta de Samper." INTI #49-50 (primavera 1999-otoño 1999), pp. 71-90.

 

Mary G. Berg pasó la niñez en Bogotá y en Lima, y recibió el doctorado en Lenguas Romances en Harvard University. Ha enseñado literatura latinoamericana en varias universidades norteamericanas.  Este año está escribiendo una biografía de Clorinda Matto de Turner como asociada del Women's Studies Research Center de Brandeis University.  Ha escrito sobre Sofía Ospina de Navarro, Elisa Mújica, Tomás Carrasquilla, Gabriel García Márquez y otros autores colombianos.

 

[1] Parte de este ensayo se incluyó en la antología editada por Carolina Alzatey Montserrat Ordoñez, Soledad Acosta de Samper: Escritura, género y nación en el siglo XIX. Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2005, pp. 333-345.

[2] "Género, escritura y siglo XIX en Colombia: releyendo a Soledad Acosta de Samper" p. 4.  Los estudios realizados por Montserrat Ordoñez de la obra de Soledad Acosta de Samper han revelado coherencias, consistencias y pasiones de su voluminosa obra. Ordoñez habló más extensamente de estos temas en "De Andina a Soledad Acosta de Samper: identidades del sujeto femenino en el siglo XIX", en el libro editado por Márgara Russotto, La ansiedad autorial: Formación de la autoría femenina en América Latina: los textos autobiográficos. Caracas: CEP & Equinoccio, 2006, pp. 163-201.

[3] Ibíd., p. 4.

[4] Estos son títulos citados en bibliografías de la vasta obra de Soledad Acosta de Samper, que está todavía incompleta y documentada al azar, aunque bastante organizado en años recientes por los esfuerzos de Flor María Rodríguez-Arenas, Gustavo Otero Muñoz y Montserrat Ordóñez.  Los textos de esta lista que he visto personalmente son "Las esposas de los conquistadores: Ensayo Histórico", republicado por la Academia de Historia del Valle del Cauca en 1957, y "La mujer española en Santafé de Bogotá", republicado por lo menos parcialmente en muchos lugares, incluso La España Moderna: Revista Ibero-Americana (Madrid), Tomo XL, Año IV, 15 abril 1892, 161-168.  Los escritos de Soledad Acosta y su esposo, José María Samper Agudelo, eran tan extensos que deben haber constituido un porcentaje considerable de lo que se escribió sobre la historia colombiana en esos años.  Muchos de sus libros se usaron durante años como textos escolares. Sería interesante considerar hasta qué punto los Samper formaron las definiciones de cuáles eventos, cuáles participantes, y cuáles interpretaciones se iban a perpetuar y llegar a considerarse "la historia colombiana". Si Soledad Acosta hubiera podido insistir en sus historias de las participaciones de mujeres en la formación de la nación, hubiera cambiado los parámetros de "la historia" para siempre.

[5] En "'Don't Interrupt Me': The Gender Essay as Conversation and Countercannon". La traducción de la cita de este ensayo es mía.

[6] Memorias presentadas en congresos internacionales que se reunieron en España durante las fiestas del IV centenario del descubrimiento de América en 1892.  Chartres: Imprenta de Durand, 1893, 73-84. 

[7] Muchos de sus otros libros refutan esto, y presentan a las mujeres griegas, romanas o las de los primeros años de la colonia en Nueva Granada, como todavía vigentes.

[8] Mucho se ha escrito sobre la perspectiva de Soledad Acosta (católica, blanca, de clase privilegiada, bien educada, cosmopolita) que informa sus comentarios.  Ella nunca niega quién es pero su empatía personal es particularmente evidente en estas dramatizaciones emocionales de cuánto sufrieron las francesas aristocráticas.

[9] Algo defensivamente, explica este criterio: "Se extrañará quizás que entre las mujeres notables de este siglo no hubiésemos contado a las que se han distinguido en el teatro, cantatrices y actrices. Pero no hablamos aquí sino de aquellas cuyas profesiones con enteramente honorables, que con ella han ganado su vida y se han hecho un nombre sin exponer su virtud a las asechanzas de las tentaciones mundanas.  No decimos por esto que no haya multitud de mujeres dedicadas al teatro que jamás han dejado la veredas de la virtud, ni que no existen y han existido muchísimas mujeres que, llenas de dignidad, han mantenido a su familia con las artes que tanta diversión dan al público; pero como entre éstas, la mayor parte se han dejado arrastrar por la pendiente de la adulación hasta caer en los vicios, y sería necesario para mencionar y encomiar a las virtuosas, callar los nombres de muchas de las que más han brillado en la carrera del teatro, resolvemos no hablar absolutamente de ninguna mujer que se exhiba sobre las tablas, salvo que se haya hecho famosa como compositora [de] música también". [239-240] 

[10] Al ofrecer una lista comentada de escritoras colombianas, Soledad Acosta incluye [pp. 414-415] a Doña Agripina Samper de Ancizar y a la señorita Bertilda Samper Acosta, con la siguiente nota de pie: "Madre y cuñada de las dos anteriores es la señora Soledad Acosta de Samper - autora del presente libro.  He aquí la lista de las obras que hasta ahora ha publicado en forma de libro, en folletines de periódicos y en páginas de revistas americanas y europeas.  OBRAS HISTORICAS: Estudios históricos sobre la mujer en la civilización, 1877; - Preliminares de la guerra de la Independencia; - Biografías de hombre notables; - Epoca de la conquista y colonización de América, 1883; - Biografías de hombres notables de la antigua Colombia; - Biografía del general París, obra premiada en un concurso histórico, 1883; - Biografía del Mariscal Sucre, obra premiada por la Academia de la Historia de Caracas, 1890; - NOVELAS HISTORICAS: Los Piratas en Cartagena; - Alonso de Ojeda; - Sebastián Cabot; - Hernán Cortés; - La India de Juan Fernández; -Bartolomé Sánchez; - La nariz de Melchor Vásquez; - Una aparición; - El fuerte desamparado; - Historia de una flamenca; - Las esposas de los cnquistadores; - El ángel de doña Juana; - Las dos reinas de Chipre. - EPISODIOS NOVELESCOS DE LA HISTORIA PATRIA: El secretario del virrey Arzobispo; - Una familia patriota. - VIAJES: Viaje a Suiza, 1860; - Viaje a España, 1892. NOVELAS DE COSTUMBRES: Novelas y Cuadros de la vida sud-americana; - Anales de un paseo; - Constancia; - Laura; - Los tres asesinos de Eduardo; - Historia de dos familias; - Doña Jerónima; - Una Catástrofe; - El Talismán de Enrique; - Una Holandesa en América; - El corazón de la mujer, etc. etc.  Ha editado además tres revistas en Bogotá: La Mujer; - La Familia; - El Domingo de la Familia cristiana, - en las cuales ha escrito artículos sobre todas materias.  Presentó Memorias históricas en los congresos que tuvieron lugar en España durante las fiestas del Centenario del Descubrimiento de América y es miembro de varias sociedades literarias. (Nota del Editor)"

Parece que esta lista fue compilada sin consultar a Soledad Acosta. Se equivoca de categoría en varios casos, y es sumamente incompleta. Pero tiene cierto interés ver cuáles obras elige como títulos que serían reconocidos por los lectores (las lectoras) de este libro. 


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