La Mujer Inca en la Crónica de Guamán Poma de Ayala

 

 

 

 Philomena Gebran
Universidad Severino Sombra, Río de Janeiro, Brasil.

 

    El presente trabajo sigue la línea de nuestras investigaciones, utilizando como fuente primaria las informaciones contenidas en las crónicas del siglo XVI, importantes documentos para la construcción histórica de las sociedades latinoamericanas, y en particular de las sociedades andinas. Entendemos que a partir de los cronistas es posible la construcción tanto de la historia colonial como de la pre colonial. 

La historiografía latinoamericana emplea cada vez con mayor frecuencia las crónicas del siglo XVI y XVII, como importantes documentos para el estudio tanto de la época de la invasión como de la colonización española, hecho que se revela en la permanente publicación de nuevas ediciones gracias al esfuerzo de investigadores, que en el caso de la región andina, se dedican a la Etnohistoria.

Los más importantes representantes de la Etnohistoria del Perú son Franklin Pease y María Rostworowski de Diez Canseco, quienes han inspirado nuestro trabajo sobre la región andina y en la comprensión de la cultura incaica. Así como en el estudio sobre los cronistas, la obra de Felipe Guamán Poma de Ayala, Nueva Crónica y Buen Gobierno, cuyo autor y obra han despertado críticas en la visión de Pease y de otros autores que iremos citando a lo largo de este trabajo. 

Pease señala la trascendencia que ha tenido en las investigaciones de los etnohistoriadores, combinar en sus análisis la época inca, la invasión y colonización, con las crónicas y las visitas civiles y eclesiásticas de la época del Virrey Francisco Toledo en el siglo XVI; y también en el siglo XVII cuando el Duque de la Plata organizó nuevas visitas generales en el virreinato del Perú. La historiografía andina y más claramente historiadores como Pease, Rostworowski, Ossio, Murra, Lohmann Villena y otros, le asignan una gran importancia a la combinación entre crónicas y visitas para obtener una mayor fidelidad histórica. 

Pero en este trabajo hemos optamos por las crónicas de un autor, otorgando más peso al aspecto descriptivo y etnográfico como a la complementación iconográfica de las cuestiones que abarca, sin preocuparnos mucho por su fidelidad histórica. En este sentido, abordamos solo la cuestión relativa a la mujer inca en la sociedad andina descrita en Nueva Crónica y Buen Gobierno, sin considerar que Felipe Guamán Poma de Ayala es uno de los más discutidos cronistas de la época por tratarse de un nativo; es decir, de un verdadero hombre andino. Pretendemos mostrar la mirada de este cronista sobre la sociedad en la que vivió y describió, tomando en cuenta su ambigua identidad cultural en su intensión de retratar a las mujeres de los Incas. 

Al estudiar a este cronista, a través de la historiografía andina, afrontamos un reto para tratar con precisión las informaciones tanto de su vida como de sus escritos respecto de la sociedad andina, sobre todo en la edad que posiblemente escribió esa obra convertida en una de las fuentes fundamentales para el entendimiento de la sociedad andina de la época inca y del siglo XVI, a pesar de sus contradicciones. 

Según gran parte de la historiografía, estamos frente a un “escritor” andino que pretendía escribir al rey de España Felipe III, dando cuenta de los abusos cometidos por los españoles. Pero la ambigüedad de su relato no permite saber si acusaba o defendía a los españoles1, y cual era su posición frente a la invasión y la colonización. Franklin Pease, en su excelente prólogo al libro de Raúl Porras Barrenechea  Los Cronistas del Perú, dedica muchas páginas a Poma de Ayala y a los historiadores que escribieron sobre él como Valcárcel, Tello,  y principalmente Porras Barrenechea. Según Pease, los datos que ofrece el cronista andino son discutibles: 

(...) el cronista ofreció imágenes ficticias y vicios que incurrieron prácticamente todos los cronistas del Perú. Indicó que el mayor valor de la “Nueva Crónica” se hallaba en sus noticias probablemente de remotísima tradición oral.”2

 

Efectivamente, su relato está lleno de medias verdades, de fantasías, y tal vez de sueños; pero sobre todo nos transmite como pensaba la historia de los Incas y su construcción a través de su fértil imaginario, enmarcando su texto con ilustraciones bellísimas, como si así pudiera figurativamente demostrar la verdad sobre el mundo andino que quería trasmitir al rey de España. Sin embargo, según Porras su relato no llega a ser una historia porque se trata de una serie de elementos como biografías, noticias sobre leyes, fiestas, rituales, bailes, y relaciones de cargos de la administración incaica.

 

A pesar de la crítica de Porras, pensamos que el texto es extraordinario y contiene una gran cantidad de lenguas que pueden muy bien expresar la heterogeneidad del mundo andino. En el texto coexisten el español, latín, quechua, aymara, y además, combina la  palabra con la imagen. Está compuesto de 1,189 páginas que incluyen 398 dibujos a tinta hechos a mano por el propio autor. Al respecto, la escritora Mercedes López – Baralt  señala lo siguiente:

 

“El intenso mestizaje lingüístico, genérico y discursivo de esta singular crónica propone una etnografía  del mundo andino prehispánico, una narración de los hechos de la conquista y colonización del Perú, la denuncia de los abusos del régimen colonial, y a la vez un programa político para la buena administración del virreinato”3.

 

La historiografía andina es bastante expresiva cuando apunta a la formación social incaica, una de las más organizadas y sofisticadas sociedades de la América Antigua. Al respecto, sobre el origen de la cultura incaica hay una infinidad de mitos asumidos por la historiografía andina. Uno de los más importantes, y que el cronista Garcilaso de la Vega considera el principal, es el del  “matrimonio solar” o “matrimonio divino”:  Manco Capac y Mama  Ocllo que salieron del lago Titicaca llevando en sus manos un báculo de oro, símbolo de fertilidad e iniciaron una larga caminata por las montañas andinas en busca de tierras fértiles.

 

Cuando la pareja llega al cerro de Huanacauri, el báculo “mágico” cae de las manos de Manco Capac y se hunde en la tierra, señal de que ese sería el lugar elegido para construir un espacio cultural donde se desarrollaría la etnia inca. Este lugar corresponde al Cusco que sería la capital del Imperio del Tawantinsuyu. Según Garcilaso, ese fue el lugar ideal para que la pareja diera inicio a una sociedad que organizó de manera creativa un  sistema económico, político y social, de acuerdo al mito del Inti (Sol), portador de luz y poder para los descendientes de la pareja sagrada.4 

 

No obstante, María Rostworowski señala que podría tratarse de una “invención” mítica de Garcilaso:

 

“(...) sería ese mito la versión ya hecha ‘oficial’ sobre el origen de los ‘hijos del sol’? Es posible que el arreglo narrado por el Inca escritor sea obra del propio Garcilaso, como una manera de presentar el mito a los lectores europeos. Por ello conviene buscar otras versiones más andinas del relato de la fundación”5.

 

Y,  cita como el mito más andino sobre el origen de los Incas, –  y por consiguiente más auténtico -  el mito de los  “hermanos Ayar”, que salieron de una gruta llamada Pacaritambo, que traduce como Posada de la producción, Posada del Amanecer o Casa del Escondrijo. Los hermanos, cuatro mujeres y cuatro hombres, cuyo origen también fue explicado por diferentes cronistas como de generación espontánea, habrían iniciado un largo camino por  los Andes en busca del  lugar ideal para crear su civilización.

 

Guamán Poma de Ayala también se refiere a ese mito y lo describe lleno de ricas imágenes no sólo literarias sino iconográficas. Se trata de una pareja de hermanos que tras mucho deambular llega al fin a una especie de ”tierra prometida” que sería llamada de Cusco (el ombligo del mundo), la capital del gran Estado Inca. Y, de una relación incestuosa entre madre e hijo, se inicia la etnia de los Incas y sus Coyas.

 

Sin embargo, lo más interesante en Poma Ayala, es la analogía que hace del origen del mundo andino y de las especies con los relatos bíblicos de los colonizadores. Otorgando así, un carácter sincrético a la descripción sobre el origen de los Incas, lo que se observa en toda su obra. En otras palabras, confunde los mitos de su cultura incaica y los mitos que le transmitieron los españoles al presentar el mito inca como la representación de Adán y Eva en los Andes.

 

Ambigüedad que está presente en todo su trabajo y que traduce una falta de esa identidad, porque no es mestizo como Garcilaso, ni tampoco español, sino un auténtico hombre andino descendiente, según él, de dos importantes etnias: la de los Incas y la de los Malqui. Sin embargo, al escribir al rey español confunde las culturas, comportándose a veces como español y otras como andino.

 

Al parecer le fue muy difícil asumir una u otra identidad. La dominación española y, además, la catequización,  debieron impactarlo profundamente. Al respecto, Pease dice que la obra de Guamán Poma de Ayala no presenta consistencia histórica, porque la visión del pasado que nos muestra es confusa aunque todos reconozcan que buscó en su crónica referencias históricas, tratando en cierta forma de describir el pasado incaico con las nociones históricas a las que tuvo acceso. (Pease - 1985)

 

Podemos notar eso con más claridad en su “versión” sobre el mito del origen inca que, como hemos dicho es muy distinto al de otros cronistas. Por ejemplo, para Garcilaso el primer Inca tuvo carácter divino, pues Manco Capac descendía del Sol y de la Luna; mientras que para Guamán Poma de Ayala el primer Inca descendía del Sol y de una hechicera, Mama Huaco.6 En general, Guamán Poma le atribuye a las mujeres de los Incas un cierto poder:

 

“La primera Coya, llamada Mama Huaco fue muy hermosa y morena de todo el cuerpo y de buen talle. Dicen que fue gran hechicera, según cuentan su vida e historia que hablaba con los demonios, esta dicha señora hacía hablar a las piedras y peñas ídolos guacas.7 De esta señora comenzaron a salir reyes Ingas y dicen que a ella no le fue conocido su padre ni de su hijo Mango Cápac Inga, sino que dijo que era hija del sol y de la luna y se casó con su hijo primero Mango Cápac Inga;8 para se casar dicen que pidió a su padre el sol dote, y le dio dote, y se casaran madre e hijo. Dicen que murió en el Cuzco con edad de doscientos años en el tiempo de su hijo Roca Inga y tuvo muchos hijos bastardos de su marido con auquiconas y ñustaconas.9 Y esta señora dejó la ley del demonio muy entablado a todos sus hijos y nietos y descendientes (...) gobernaba más que su marido Mango Capac Inga toda la ciudad del Cuzco; le obedecían y respetaron en toda su vida porque hacía milagros de los demonios nunca visto de hombres, hablaba como si fueran personas con las peñas y piedras. Pero fue muy hermosísima mujer y de mucho saber, y hacía muy bien a los pobres de ciudad de Cuzco y de todo su reino; y así creció más bien el gobierno de su marido de esta señora Coya porque reinaba el Cusco”10.

 

Guamán Poma de Ayala confirma en esta crónica que utilizó fuentes orales cuando repite a lo largo de toda su obra: ‘dicen’. También que cuando habla de las mujeres, casi siempre procura una neutralidad en su exposición; de ahí porqué lo vemos más como un etnógrafo. Por ejemplo, al hablar de Mama Huaco relata lo que se dice, lo que oyó, pero cuando se refiere a los hombres se muestra más crítico:

 

“El primero capitán hijo de Mango Cápac primer Inga, aunque antiguamente había muchos y muy famosos y valerosos capitanes antes que fuese el Inga fue y después acá, que no escribe, sino el primero hijo de Mango Cápac Inga fue Inga Yupanqui Pachacutichic Inga. No conquistaron ni hicieron nada sino todo era dormir y comer, y beber, y putear, y holgar, y hacer fiestas y banquetes, y pasearse en la ciudad con los demás caballeros, auquiconas, ingaconas, y acabaron sus vidas en la ciudad del Cuzco en tiempo de su padre; y los capitanes que fueron infantes hijos de los reyes Ingas pasados, y de sus famosos hechos, y de otros capitanes hijos y nietos de los grandes señores y principales de estos reinos de los Chinchay suyos, Ande suyos, Colla suyos, Conde suyos”.11

 

También queda evidente en su relato que pretendía impresionar al monarca español, a veces tratando de valorar la cultura inca, y otras criticándola, como cuando describe la vida ‘sin reglas’ de los ‘capitanes’12.  Incluso, algunas veces exaltando lo positivo que los españoles trajeron con su cultura y su catequesis.  Así, en su relato de la jerarquía inca y de sus descendientes utiliza varias expresiones españolas y europeas  al llamar, por ejemplo, al Estado Inca, Reino.

 

No obstante, es importante reconocer que todavía hoy muchos historiadores y/o escritores utilizan el concepto nobleza, reino e imperio al escribir sobre el Tawantinsuyu. María Rostworowski advierte que este es un concepto eurocéntrico y que los Incas nunca constituyeron un imperio o reino, sino un gran Estado: el Tahuantinsuyu.13

 

Los cronistas de la época de la invasión fueron unánimes al usar términos eurocéntricos para escribir sobre el Tawantinsuyu, porque su único paradigma era el europeo, y además porque no tenían la menor noción de alteridad, desconociendo o no queriendo reconocer a otra cultura y otra sociedad, cuya originalidad, riqueza y sofisticación cultural sobrepasaba a su mundo europeo. Los etnohistoriadores peruanos reconocen esas cualidades, sin que esto signifique una visión endogámica de su cultura. A mi entender, la riqueza de la cultura inca era incomprensible para aquellos rudos españoles que llegaron a América con una mentalidad del medievo europeo y no de los ‘nuevos tiempos’ renacentistas. Llegaron llenos de vicios, codicia y crueldad.

 

Poma de Ayala no escapa a la regla, a pesar de ser descendiente de dos importantes etnias andinas, porque fue aculturado por los españoles que en su carta al rey utiliza un lenguaje mucho más europeo que andino. Según la interpretación de Juan Ossio, la carta al rey tiene un carácter mesiánico al implorarle que salve el virreinato del Perú. Pero, Mercedes López – Baralt, recuerda que los mitos mesiánicos de los Andes son más recientes, históricamente hablando. Señala que la elegía a Atahualpa sólo aparece en el siglo XVIII  y que el mito de Inkarrí, es incluso más reciente.14

 

Respecto a las mujeres, Guamán Poma de Ayala no consignó en su crónica a las del pueblo, sino que describe solamente a las mujeres de los Incas. Así, su relato es una sucesión de las Coyas, esposas principales de los Incas, pero sin mencionar a las ‘esposas secundarias’, puesto que la clase dominante incaica practicó la poligamia. Los Incas poseían una mujer principal, y una secundaria con la cual también tenían hijos, pero éstos eran  considerados ‘bastardos’, como señala Guamán Poma. 

 

En esa perspectiva, después de describir a Mama Huaco como primera Coya con las cualidades que ya mencionamos, continua el relato con las otras Coyas. A la segunda Coya llamada Chimbo Urma Coya, la describe como muy “hermosa, exquisita, tenía un jardín de flores que cultivaba”.  Viendo en el cultivo de las flores una cualidad que podría describirse como sensibilidad.

 

“(...) Fue casada con Sinchi Roca Inga , y con alegre cara gobernaba a sus vasallos y le regalaba, y muy querida de su marido. Y murió con ochenta años en el Cuzco y dejó infantes hijos Lloque Yupanqui Inga, Mama Cora Ocllo,  y Cápac Huari Tito Inga, y Topa Amaro Inga. Esta señora fue muy rica, dejó toda su hacienda al Sol y a la Luna. (...) En su tiempo de su marido  y de ella nació Nuestro Señor Jesucristo y murió y resucitó y subió  a los cielos y fue enviado el Espíritu Santo y se repartió a todo el mundo los apóstoles y así vino San Bartolomé a este reino de las Indias en este tiempo de Chimbo Urma”15.   

 

En esta parte del relato, el cronista confunde la cultura inca con la europea, pues afirma que de ella nació Jesucristo, como si se tratase de la Virgen María, Señora poderosa del mundo español y por la cual sentía respeto y admiración expresado en numerosos dibujos. Lo que nos lleva a reflexionar que el nacimiento de  Jesucristo al que se refiere podría ser el nacimiento de otro Inca, representante de Dios en el mundo andino.

 

A continuación, se refiere a la tercera Coya, Mama Cora Ocllo Coya, hija de Chimbo Urma, describiéndola como muy linda, pero calificándola como una mujer ‘mala y avarienta’, que no comía casi nada, pero que en compensación bebía mucha ‘chicha’.

 

“(...)Esta mujer avarienta de pocas cosas lloraba: no estaba bien con sus vasallos y de ello no le hacía tanto caso los señores y principales grandes; de todas las riquezas y comidas mandaba encerrar en el depósito, allí se pudría  y se acababa. Como era tan triste de corazón, comía maíz crudo. Fue casada con Lloque Yupanqui  Inga y así tuvo infantes hijos Mayta Cápac Inga, Curi Chinbu, Mama Yachi Urma, con ello tuvo otros infantes, los cuales sus hermanos ellos los mataran por quedarse en el reino solo su marido; y por mandado de su marido; esta señora hacía muy grandes daños. Y murió en el Cuzco casi junto con su hijo de edad de ciento y veinte años, así acabó su vida muy mal esta dicha señora”16.

 

En la descripción que Poma de Ayala hace de la tercera Coya podemos notar como retrata con la mayor naturalidad el casamiento entre hermanos, pues tanto Mama Ocllo Coya como Lloque Yupanqui Inga eran hijos de Chimbu Urma Coya y del mismo padre Sinchi Roca Inga. Tal vez por ser hijos de Incas, el cronista  veía ese casamiento como una tradición cultural, sin hacer ninguna comparación con la cultura europea que tanto admiraba.

 

Respecto a la cuarta Coya, dice:

 

“La cuarta coya Chimbo Mama Yachi, reyna coya, fue algo fea y morena y bizarra; amiga de salir a la visita de otras señoras principales y holgarse con música; fue mujer de Mayta Capac Inga; esta mujer dicen que siempre hurtaba hacienda de su marido para darles a las viejas y viejos y a los pobres, pero servía a los pobres que no a los principales. Y tenía infantes hijos: Chimbo Ucllo, Mama Caua y Cusi Chimbo, Cápac Yupanqui Inga, Apo Maytac Inga, Bilcac Inga y Mama Micay;  esta dicha señora  dejó en su testamento todo por heredera a su madre Mama Cora Ocllo”.17 

La quinta coya, Chimbo Mama Caua fue primero casada con Cápac Yupanqui, su hermano, pero "(...) después de haberse casado le dio mal de corazón y no podía gobernar la tierra y así dicen que el dicho su marido Yupanqui pidió otra mujer al sol su padre para casar y governar su reino. Y así dicen que mandó el sol que se casase con otra su hermana menor Mama Micay que fue muy estimada en todo el reino y fue muy obedecida y honrada esta dicha segunda mujer del dicho inga”. 

“La Sexta coya, gran señora y gobernadora fue casada con Inga Roca. Y por esta señora fue respetado grandemente su marido por los señores grandes de este reino y tuvo infantes Ipa Huaco, Mama Machi Coya, Yaur Uácac Inga, Apo Cápac Inga, Maytac Inga y se murió de edad de ciento y veinte años y dejó mucha riqueza; repartió en tres partes en el testamento, lo primero para el sol, lo segundo para la luna, lo tercero para sus hijos”.

 

“La sétima coya Ipa Huaco Mama Machi Coya fue casada con Yaur Uácac Inga. Volvia mucho por los hombres y quería mal a las mujeres, tuvo infantes hijos Mama Yunto Cayan Coya, Uiracocha Inga, Apo Maytac Inga, Bilbac Inga y dejo al sol en su testamento por heredero de todos sus bienes que había”18.

 

Describe a la octava Coya, Mama Yunto Cayan Coya, que estuvo casada con Viracocha Inga con quien tuvo muchos hijos, entre ellos: Pachacuti Inga Yupanqui y Mama Anauarque Coya, que se convirtió en la novena Coya, a la cual le atribuye muchos vicios como el de comer y beber  mucho y de usar mucha hoja de coca, casándose con Pachacuti Inca Yupanqui.  

Mama Ocllo Coya, la décima Coya mujer del Inca Topa Inga Yupanqui, es muy alabada por Guamán Poma porque fue la madre del último Inca Uáscar  que se casó con Chuquillanto Coya:  

“(...) y se cubrió todo de luto cuando murió su marido en tiempo de la conquista de los cristianos. Y no se escribe de su hijo ni hija, ni lo había legítimos ni bastardos, y así en este rey y reina, Inga, Coya, se acabaron los reyes Ingas”19.

 

“No os espantéis mujeres, concluye Ayala, el primer pecado fue cometido por una mujer, Eva que quebrantó el mandamiento de Dios, y así el primer idólatra fue mujer y servio a los demonios”20. No obstante la asunción del simbolismo cristiano y de la tradicional asociación simbólica entre pecado y mujer, a través de la minuciosa descripción que hace de las mujeres de los doce Incas, está implícita la  historia de la cultura Inca, la  sucesión de los gobernantes del Tawantinsuyu, su descendencia, tradiciones, y del poder que ejercieron esas mujeres que incluso tenían sus propias tierras y herederos.   

También  nos revela su perplejidad ante la nueva realidad, y su dificultad en separar la cultura incaica de la española, principalmente en lo que se refiere a los símbolos cristianos. Sobre el último Inca Atahualpa, hermano de Huáscar e hijo de una esposa secundaria, Ayala poco o casi nada comenta. Al respecto, Pease señala: 

“(...) A la vez puede notarse fácilmente que la versión de Guamán Poma es andina, aunque no pro-Inca en el mismo sentido que los Comentarios Reales de los Incas (de Garcilaso). Nótese que, por ejemplo, Guamán Poma discrepó profundamente de Garcilaso en lo que a Manco Capac se refiere, al primero lo acuso directamente de ‘ilegítimo’, indicando que no sólo llegó a ser Inka mediante un ardid urdido por su madre, sino que ésta era a la vez su esposa (1615), dando así niveles nuevos y censurables dentro de los cánones europeos al tan manido incesto real de los Incas; además Guamán Poma sindicaba a Manco Capac como introductor de la ‘idolatría’ en los Andes. El cronista andino concuerda con Garcilaso de la Vega en destacar la ‘bastardía’ de Atahualpa (...) Guamán Poma introdujo nuevamente confusión cuando trató de la muerte de Atahualpa, equiparándola a la ejecución de Tupa Amaro por Toledo, otorgándole ‘legitimidad’ a ambos”21.

 

Cuestión bastante controvertida, como la crónica de Guamán Poma de Ayala que describe un universo andino lleno de ilegitimidades, bastardías, idolatrías y relaciones incestuosas entre los Incas. Pero se trata de un documento valioso para conocer la visión que tuvo el cronista de las Coyas, las mujeres que ocuparon el sitial más alto en la nobleza incaica.   

Bibliografía

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___1978  Señoríos de Indígenas de Lima y Canta. Lima: I.E.P.

___1985  Estructuras Andinas Del Poder. Lima: I.E.P.
___1985 Historia del Tahuantinsuyu. Lima: I.E.P.

URBANO, Enrique (Compilador). Mito y Simbolismo en Los Andes: La Figura y la Palabra. Cusco: Centro de estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas, 19933.

 

[1] Lopez – Baralti, Mercedes. Guaman Poma: Autor y Artista. Lima: Fondo Editorial de la Pontíficia Universidad Catolica del Perú, 1993.

[2] Pease, Franklin. Prólogo en "Los Cronistas del Perú". Lima: Biblioteca Peruana , 1986.

[3] Lopez-Baralt, Mercedes. Ob.cit., 1993.

[4] De la Vega Inca, Garcilaso. Comentarios Reales. Lima: Editorial Mercurio, 1986.

[5] Rostworowski, de Diez Canseco, María. Historia del Tahuantinsuyu. Lima: IEP,1988, p.31

[6] Coya, así llamada la mujer principal del Inca. Si fuera en una conceptuación eurocéntrica diríamos que sería la reina.

[7] Guacas, palabra quechua que significa piedra o un personaje convertido en piedra y sacralizado.

[8] Capac, palabra quechua que significa persona rica y poderosa.

[9] Ñusta, palabra quechua que significa señora  ilustre o hija del Inca.

[10] Poma Ayala, Felipe Guaman. Nueva Coronica y Buen Gobierno. México: Fondo de Cultura. Tomo I, 1993, p.98.

[11] Ibidem, pp. 114 - 117.  ‘Suyos’  o distritos, según Espinoza Soriano es la divissión del Estado Inca en cuatro partes, conforme su condición climática.

[12] Eran llamados ‘capitanes’ los hijos de los Incas que participaban en las luchas de conquistas Incas y que serían los futuros Incas.

[13] Rostworowski de Diez Canseco, María: “El mundo andino era demasiado original, distinto y diferente para ser comprendido por hombres venidos de ultramar, preocupados en enriquecerse , conseguir honores o evangelizar por la fuerza a los naturales”. “Historia del Tahuantinsuyu”. Lima IEP, 1989, pp. 14 y 15.

[14] Lopez-Baralt, Mercedes. Ob. cit., 1993.

[15] Poma  de Ayala. Ob. cit., p. 98.

[16] Poma de Ayala. Ob. cit., pp. 98 - 102.

[17] Poma de Ayala. Ob. cit., p.102.

[18] Poma de Ayala. Ob.cit.,  pp.102 - 105

[19] Poma de Ayala. Ob. cit., pp.113-114. 

[20] Poma de Ayala. Ob. cit., p.114.

[21] Pease, Franklin. Ob.cit., p.XIX.


 

 

 


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